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Irene Villalba Barrio
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En esta sección queremos explicar cuales son algunas de nuestras tradiciones y lugares más característicos. Pero queremos hacerlo en primera persona. Por eso, hemos decidido recuperar una serie de REPORTAJES que se publicaron hace ya algunos años en la Crónica de la Ribera Baja. Tal vez algunos los recordéis, aunque seguramente la mayoría de vosotros ya no los conserve en su memoria. Por eso, queremos aprovechar las ventajas que nos ofrece esta página web para publicar estos 10 reportajes, uno por municipio, que hicimos en su momento. En cada uno de ellos, una o varias personas de la localidad nos enseñaba su pueblo y nos contaba historias que nos ayudaban a comprender un poco mejor cómo era la vida antes y cómo había cambiado.

Muchas gracias a todos esos vecinos que nos hablaron en su día desde el cariño y la devoción al pueblo que los vio nacer. Algunos de ellos ya no están entre nosotros, así que esperamos que estos reportajes sirvan también como merecido homenaje e inmortalicen las bonitas historias que nos contaron.

Alborge, un encanto diferente

QUE VISITAR

TRADICIONES

  • Matacía del cerdo.
  • Romería a la Virgen de Montler.

REPORTAJE

A sus 86 años, Simón Galindo recuerda con detalle cada instante de su vida en Alborge. Ha vivido en tres casas diferentes, regentó la tienda y el bar de la localidad en la época en la que Alborge superaba los 300 habitantes y su cara irradia una pasión por el pueblo que lo vio nacer difícil de igualar. Con andar ágil y palabra fluida nos lleva a dar un paseo por una localidad que rezuma historia en cada una de sus esquinas. El escudo del señorío de Rueda se deja ver todavía en las casas más antiguas, como un recuerdo plasmado en piedra de los años en los que la villa perteneció al señorío eclesiástico del Monasterio.

Las casas más antiguas contrastan con otras muy nuevas en las que se puede ver incluso un pequeño jardín a la entrada. “Algunos de los que se fueron, vuelven y se construyen casas para venir a pasar el verano o los fines de semana”, explica Simón.

Nuestra visita continúa en el frontón, donde Simón recuerda la época en la que él mismo jugaba a la pelota de mano. Ahora, la pelota ha dejado paso al frontenis, deporte muy practicado en Alborge. Simón habla también de algunos de sus juegos de juventud: “Solíamos jugar a piedra y lata, que era algo así como la petanca, pero más barato. También pasábamos el rato con la refinadera”, dice recordando la peonza de madera lanzada por una cuerda que se volvió a poner de moda hace unos años.

Nuestro recorrido nos lleva hasta la nevera, una construcción que proliferó a finales del siglo XIX y que permitía almacenar capas de nieve o hielo en invierno. Simón asegura que no ha llegado a ver nieve allí en su juventud, pero, aún así, sabe que para conservar el frío se alternaban las capas de hielo con otras de paja que hacían de aislante térmico.

Alborge ha sido siempre un municipio dedicado en su mayor parte a la agricultura tradicional. “Recuerdo cuatro molinos de aceite porque aquí siempre ha habido olivas y mucha gente se ha dedicado a eso”, apunta Simón.

Además de la agricultura, Simón recuerda algún otro oficio tradicional que se ha ido perdiendo con el paso del tiempo. “Había cesteros, herreros, tejedores, alpargateros… También existía el ordinario, que era un hombre que se encargaba de ir a Zaragoza con un carro y dos mulas a hacer los recados que le mandaba la gente”. Simón tampoco olvida la figura del barquero, que era la persona encargada de cruzar en la barca a personas y mercancías por el Ebro antes de que construyera el puente. “Hubo un tiempo en el que nadie quería ser barquero, así que el alcalde mandó que los hombres de entre 18 y 50 años nos turnáramos para serlo”, explica Simón.

Cuando llegamos a la Iglesia de San Lorenzo, levantada a finales del siglo XVII, Simón recuerda el día de su boda, que fue también el día de la boda de su hermana. “Lo celebramos haciendo un rancho en casa y hubo más de 100 invitados”, explica.

Y es que las fiestas de todo tipo han sido siempre uno de los platos fuertes de Alborge: “Ahora viene gente de todas partes, pero antes, cuando no había coches, venían sobre todo de Sástago y de Alforque, porque siempre hemos sido tres pueblos hermanos”.

Concluimos nuestro paseo en la plaza del Ayuntamiento, centro neurálgico de Alborge. La mujer de Simón sale a nuestro encuentro y se une a la conversación recordando cómo las mujeres amasaban hace años el pan en casa y lo llevaban después al horno. El lavadero era también un lugar reservado para ellas, aunque la tarea de lavar la ropa era en muchos casos la mejor manera de relacionarse socialmente y de enterarse de las últimas novedades de la localidad.

El paseo ha concluido, aunque eso suponga que muchas de las historias de Simón se queden en el tintero. Y es que, en las casi dos horas que ha durado nuestro paseo, no ha dado tiempo ni siquiera a atisbar lo que es la historia y la forma de vida de la localidad, pero Simón ha conseguido una visión más humana de lo que es el Alborge de hoy, un municipio con un gran tesoro artístico que reside, ante todo, en su gente.

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