Velilla de Ebro

Pura tradición

Información General
Corp. Municipal Ver listado
Población 224 habitantes
Superficie 59,8 Km2
Altitud 153 m
Provincia Zaragoza
Distancia Zaragoza Km
Gentilicio Velillense
Ficha Territorial IAEST Visualizar
Ayuntamiento
Teléfono 976 17 63 50
Email
Fax 976 17 68 16
Dirección Plaza España, nº1
C.P. 50760
Web www.velilladeebro.es
Sede velilladeebro.sedelectronica.es
Horario Lunes a viernes de 11 h a 14 h 
El municipio

Velilla de Ebro, en la margen izquierda, con 59,79 Km y 224 habitantes (censo 2017) cuenta su origen en el año 44 a.C.; fue ese año cuando Marco Emilio Lépido fundó la colonia romana llamada Victrix Iulia Lepida, consolidando de este modo el control del Ebro y su paso en la Vía Augusta. Lépida fue renombrada como Celsa, llegando a alcanzar una población de 3.500 habitantes, gracias a un próspero comercio apoyado en su puerto fluvial. El yacimiento actual tan solo muestra una mínima parte de la ciudad, ya que se presume que el teatro y el foro se encuentran bajo el actual pueblo de Velilla. Destaca por su interés la trama urbana de calles empedradas, los mosaicos de la casa de los delfines, la manzana de comercios... La visita se complementa con el museo del yacimiento, donde se exponen las principales  piezas  encontradas.

Dentro de la arquitectura religiosa destaca la iglesia Parroquial de la Asunción, con torre mudejar del siglo XVI, y la ermita de San José, buen ejemplo de arquitectura religiosa popular. Mención especial merece la ermita de San Nicolás de Bari de finales del siglo XVII y principios del XVIII, que conserva un ábside románico, único en la comarca. En su interior destacaba el retablo de alabastro, obra del insigne Damián Forment, con la imagen de San Nicolás en la gran hornacina cen­tral, desgraciadamente destruido durante la Guerra Civil. En esta ermita estaba la legendaria "Campana de Velilla", llamada "del Milagro" que, según la tradición recogida por muchos autores, llegó flotando sobre las aguas del Ebro con dos velas encendidas que no se apagaban ni se consumían y tañía sola cuando se producía en el reino algún suceso luctuoso importante. Junto a la ermita está ubicado el Mirador de San Nicolás, desde donde se puede disfrutar de una amplia panorámica de la vega.

Además, Velilla de Ebro conserva entre sus tradiciones uno de los dances más antiguos de Aragón. Se representa con paloteado, espadas o castañuelas al son de la dulzaina o la gaita aragonesa.

A su paso por Velilla de Ebro, la amplia llanura del valle del Ebro comienza, poco a poco, a encajonarse entre cantiles escarpados, preámbulo del paisaje de meandros encajados aguas abajo. A escasos metros de la población, junto al antiguo molino harinero y el restaurado norial, parte un camino agrícola que accede a las mejanas del Ebro. Cultivadas sus fértiles tierras desde antiguo, ofrecen al visitante una perspectiva insólita del río, conservando pequeños sotos impenetrables junto a numerosos azudes. El secano se extiende sobre paisajes dominados por el yeso, el esparto y la ontina, donde la fauna encuentra refugio en pequeñas balsas ganaderas. Salpicando el paisaje, las explotaciones de alabastro, delatan su presencia por los desmontes y escombreras a cielo abierto.

Corporación municipal
Alcaldía
María Rosario Gómez Puyoles
Concejalía
Miguel Burgos Tella
Jose Guerrero Aguilar
Pedro Villarroya Ruiz
María Teresa Valdevell Abian
Turismo

QUE VISITAR

TRADICIONES

  • Nonas de Junio.
  • Dance de San Nicolás.
  • La leyenda de la campana de Velilla.

REPORTAJE

Aunque Miguel Zapata, la persona que hará de guía en mi visita a Velilla, recuerda el pueblo con más de 1.300 habitantes, hoy, Velilla de Ebro es una localidad de la margen izquierda en la que viven unas 250 personas.

El municipio está situado en un cerro coronado por la ermita de San Nicolás de Bari, y el hecho de que Marco Emilio Lépido fundara allí la colonia Vitrix Iulia Lépida en el año 44 a.C hace que Velilla rezume historia en todas sus calles. Ahora, las excavaciones llevadas a cabo en el yacimiento muestran restos de una importante ciudad. También se puede visitar el museo monográfico donde se expone una selección de materiales sacados a luz en las excavaciones.

El recorrido con Miguel comienza en el molino y la antigua noria. “Ésta era la casa del molinero y aquí veníamos a moler el trigo y la cebada”, comenta. Mientras observamos el conjunto hidráulico, hoy restaurado, Miguel me cuenta la cantidad de veces que se ha bañado justo en esa zona del río. “Como no teníamos dinero para bañador, nos bañábamos sin nada, así que las mujeres sólo nos dejaban estar aquí hasta los 12 años o así. Después, nos hacían irnos más allá”, dice sonriendo.

Al seguir nuestro camino pasamos por al lado del antiguo lavadero, el lugar al que las mujeres acudían a lavar la ropa y también “a chismorrear”, asegura Miguel. Nos detenemos también en la presa, que se extiende hasta la central, mientras Miguel recuerda sus tiempos en la escuela: “Entonces había unos 125 niños en el colegio y ahora hay 16 ó 17”.

Mientras nos dirigimos hacia la ermita de san Nicolás de Bari, Miguel habla de una de las tradiciones más arraigadas de Velilla: el dance, del que se dice que es el más antiguo de Aragón. Miguel lo conoce bien porque lleva más de cinco décadas danzando por ese mismo camino que ahora recorremos andando. “Hay 16 danzantes y 4 volantes que rodean los cuadros de danza. Desde 1875 los dichos son los mismos, aunque antes de eso se decían dichos que tenían que ver con cosas del pueblo”, explica Miguel.

Subiendo a la ermita, Miguel señala la marca en el suelo de la campana, que fue tirada desde el campanario en la Guerra Civil. Aunque Miguel no puede recordar la guerra, ya que tenía sólo unos meses, sabe que fue muy dura para el pueblo, porque estuvo situado en medio de los dos frentes. “Murió mucha gente del pueblo y la política se mezcló en muchos casos con los odios personales”, dice.

Una vez arriba, desde el mirador de la ermita, contemplamos una estupenda panorámica de Velilla en la que sobresale la iglesia parroquial de la Asunción,  con una torre mudéjar del siglo XVI en la que se distinguen al menos tres nidos de cigüeñas. “Lo de que traen a los niños debe ser verdad porque un año que hubo siete nidos nacieron un montón de niños en el pueblo”, dice riendo.

En el mismo mirador, a un lado de la ermita y mirando hacia el pueblo, se puede ver una escultura de alabastro de San Nicolás de Bari hecha en las canteras de la localidad. Entramos dentro de la ermita. Detrás del altar se puede ver el lugar donde un día estuvo el retablo de alabastro hecho por el insigne Damian Forment y destrozado en la Guerra Civil. “Hace años, la hija de un catalán que había estado aquí durante la guerra nos envió una figura del retablo llamada las tres doncellas. Es prácticamente lo único que queda de aquel retablo”, explica.

Pero si hay algo que llama la atención dentro de la ermita de San Nicolás es el ábside románico, único en la comarca. Miguel aparta una alfombra del suelo que deja al descubierto una trampilla de madera. Al levantarla, aparecen unas escaleras que conducen al interior del ábside. En la estancia se puede ver una pila bautismal de alabastro que sí que sobrevivió a la guerra. “Aquí me bautizaron a mí y a la mayoría de los que hemos nacido aquí”, cuenta Miguel. Ese mismo recinto sirvió también durante la guerra como calabozo para los reclusos.

Subimos al campanario dejando a un lado lo que fue la casa del ermitaño. Allí, junto con otras dos campanas, se encuentra la llamada “campana del milagro”. Y es que según la tradición recogida por muchos autores la campana llegó a contracorriente flotando sobre las aguas del Ebro con dos velas encendidas que no se apagaban ni se consumían. Cuando alguien se acercaba a cogerla, la campana y las velas se sumergían en el agua para volver a aparecer más lejos. Fue al llegar a Velilla cuando la campana salió por sí sola del río al ver a dos doncellas, que la llevaron a la ermita. Desde entonces, la campana tocaba sola cada vez que se producía en el reino algún suceso luctuoso importante. “Los hombres que se iban a la guerra empezaron a llevarse como amuleto trozos de la campana y en 1971 se echó un bando para que todo el que tuviera algún trozo de la campana lo llevara al ayuntamiento. Se recogieron en total unos 35 kilos que se utilizaron para refundirla con metal nuevo, pero nunca más volvió a sonar”, explica Miguel. Esta leyenda, muy arraigada en el municipio, permanecerá viva por siempre en la gran campana de plata sobre fondo rojo que aparece en el escudo y la bandera de la localidad.

Fiestas

Las fiestas patronales son en honor a San Nicolás de Bari, el 6 de diciembre, cuan­do se interpreta el dance. También se honra a la Virgen del Rosario en el primer domingo de agosto.

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Escudo de Velilla de Ebro
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